“La juventud siempre acaba teniendo una salida, un camino a recorrer”

“La juventud siempre acaba teniendo una salida, un camino a recorrer”

CHELO MORANTE LÓPEZ

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Consuelo Morante López, Chelo, deja la docencia este curso después de 38 años de ejercicio profesional en la Escuela ‘Hernán Cortés’.

Licenciada en Ciencias Empresariales y Económicas, Chelo apuntaba al sector de la banca o de la administración pública, cuando la educación primero y la Escuela después se cruzaron en su camino. Y hasta hoy.

Ahora, en una etapa tan incierta como la actual, Chelo conserva intacta la confianza. Sabe por experiencia que “la juventud siempre acaba teniendo en cada tiempo una salida y un camino por recorrer”.

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Naciste y creciste en Reinosa. Tierra de altura, de gente recia, de inviernos crudos, donde, como dicen allí en broma, el verano dura de Santiago a Santa Ana ¿Eso imprime carácter, no?

“Entonces no era tanta broma “lo del verano”. Nevadas, sabañones, ladrillos refractarios, botellas de agua caliente en la cama, acompañaron mi niñez, y fundamentaron el concepto de Resistencia.

Por algo es la capital de la nieve, aunque ya nada es lo mismo”.

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¿En qué familia creciste? ¿En qué trabajaban, a qué se dedicaban los tuyos?

“Crecí en una familia de pequeños industriales, distribuidores de bebidas alcohólicas y gaseosas. En aquel extenso territorio les requería mucho tiempo y esfuerzo, sin horario y atentos a sus clientes, pero les fue bien.

Inicialmente con su propia marca, fabricaban ellos mismos gaseosas y hacían el llenado del sifón, tan popular en ese tiempo; hasta incluso la fabricación de barras de hielo, ya que entonces ni los bares tenían nevera”.

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Completas la enseñanza obligatoria y muy joven decides estudiar Ciencias Económicas y Empresariales en Santander. ¿Qué soñabas con ser de mayor?

“Entonces no tenía una vocación clara. Proyectaba trabajar en la banca o en alguna empresa o administración pública”.

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¿Cómo fue tu aterrizaje en la capital, tan distinta a tu Reinosa natal?

“Sorprendente y negativo en lo que a la Facultad se refiere. No estaba acostumbrada a que los compañeros te ignoraran. Santander para el forastero era una plaza difícil”.

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Calculo que en aquella etapa hiciste muchas horas yendo y viniendo en tren

“No lo sabes tú bien. Estaba deseando que llegara el viernes para subir a mi pueblo. El retorno de los lunes era duro, más de un tren dejé pasar a propósito…”

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Por cierto, ¿En los años de infancia y juventud se te pasó alguna vez por la cabeza ser profesora?

“Creo que no. Seguir estudiando sí, pero sin vocación definida”.

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¿Cuándo y cómo decides establecerte en Santander?

“Terminada la carrera, busco aquí una salida laboral”.

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Aunque tu formación académica como licenciada universitaria se encaminaba hacia el mundo mercantil, fiscal y económico, acabas trabajando para el Ministerio en sustituciones docentes que te llevan primero a Torrelavega, a Laredo y más tarde a Pamplona. Y a un paso estuviste de Palma de Mallorca. ¿Se diría que la enseñanza te cautivó y te encaminó sin saberlo ni esperarlo o eso vino después?

“Me gustó desde el principio. Siempre estuve contenta y agradecida con la profesión y lo que te aporta, aun sabiendo el esfuerzo mental, incluso físico, que requiere.

Siempre me agradó mucho enseñar, tratar y convivir con los jóvenes”.

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Y en el camino te encontraste con la Politécnica y la Escuela contigo. ¿Cómo ocurrió y cómo fueron los primeros años? Supongo que rodeada de muchos señores con gafas de pasta oscura.

“Dando prioridad a mi vida personal renuncié a mi oferta de destino en Palma de Mallorca, en la Enseñanza Pública.

Al poco tiempo, me informa una conocida que un profesor de la Escuela ha aprobado la oposición en la Pública, su plaza queda vacante y me sugiere entrevistarme con Rafael Luque, al que no conocía de nada.

Así lo hice, y ese mismo verano impartí las clases de recuperación de mi rama. Para el comienzo de curso, ya me ofreció contrato fijo.

Mis primeros años fueron muy buenos, alegres, con energía e ilusión.

Con la ayuda esencial y especial tutelaje de mis compañeros de rama, (Paco Cuesta y Alfonso Pintó), a quienes les tengo que agradecer siempre todo su apoyo incondicional, que en esa situación me facilitaron mucho las cosas, y desde aquí les rindo público reconocimiento.

Mediados los años ochenta en España había una esperanza en el aire y el dinamismo se sentía. La economía galopaba y la juventud lo vivía abiertamente.

En aquella época, para los señores con gafas de pasta oscura yo era La Niña, me sentía muy bienvenida e incluso protegida, por toda la plantilla”.

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38 años dan para mucho. ¿Qué experiencia tienes hoy de la docencia, de enseñar y de educar, de convivir a diario con tanta juventud y con varias generaciones de profesores?

“Considero que tener la oportunidad de participar en que la gente crezca es la mejor recompensa al esfuerzo efectuado por todos los participantes en el centro de enseñanza.

Si además la vida te da la oportunidad de comprobarlo en el día a día, viendo como ejercen su profesión tus antiguos alumnos, completa totalmente tu dedicación.

Me queda un recuerdo imborrable. Sólo puedo mencionar lo positivo.

El hecho de compartir tantas vivencias y convivencias con alumnos y compañeros, ha enriquecido y dado sentido a mi vida profesional. Mereció la pena”.

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¿Cómo resumirías lo que significa la Escuela?

“Un referente consolidado en la ciudad para varias generaciones que se suceden de padres a hijos, de mejora, crecimiento y asentamiento social”.

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¿Lo mejor? ¿Y lo peor?

“Lo mejor: el conocimiento, la implicación y la dedicación de la plantilla.

Lo peor: Los malos tiempos que vive la juventud actual”.

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Dejas la docencia en un tiempo incierto que condiciona la vida social, económica, laboral y también educativa. ¿Cómo lo ves? ¿Salimos de ésta? ¿Volveremos a ser los de antes o alguien distinto?

“Habrá que confiar en que tarde o temprano las cosas se estabilicen. La juventud siempre acaba teniendo en cada tiempo una salida y un camino a recorrer.

Durante la historia siempre ha habido cambios e incertidumbres. Hasta aquí hemos llegado, en conjunto seguimos en el camino”.

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Y la pregunta de siempre: ¿Cómo te arreglas? ¿Qué haces? ¿Nos echas de menos aunque sólo sea un poquito?

“Me voy adaptando. En estos tiempos tan condicionados, es difícil concebir que no se pueda viajar y aprovechar el tiempo libre como más nos gusta. Pero si que paseo más y leo mucho para pasar el tiempo que antes dedicaba a la enseñanza.

Sí que os echo de menos a menudo. La cabeza todavía vuelve a los lugares en que estuvo muy presente”. 

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Chelo junto a los compañeros José Manuel Arenas, Alfonso Pintó y José Luis López